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Tres lecciones de gestión que ofrecen diez segundos de fútbol

El reciente campeonato mundial de fútbol 2018 no ha ofrecido momentos especialmente gloriosos para los aficionados a este deporte. La mayor parte de los equipos han presentado unas estrategias de juego muy conservadores y poco ambiciosas, basadas más en el poderío físico de sus jugadores y orientadas más a no perder o a no sufrir demasiados daños, que a imponerse a sus rivales.

Sin embargo, como recientemente explicaba Kenneth Jones en Law.com, el partido de octavos de final entre Bélgica y Japón, dejó, solo en sus últimos diez segundos de juego, varias interesantes lecciones para las organizaciones y equipos de trabajo.

Recordemos el escenario. Se trataba de un partido de octavos de final, es decir, eliminatoria directa. Solo el vencedor pasa a la siguiente fase, el perdedor se vuelve a casa. Tras una primera mitad sin apenas ocasiones, Japón se adelanta 0-2 en la segunda parte. Sin embargo el equipo belga reacciona bien y en el minuto 73 consigue empatar el encuentro. Desde ese momento, ambos equipos buscan con decisión la meta rival y en dos ocasiones los japoneses están a punto de desnivelar nuevamente el partido.

En el minuto 94, a punto de concluir el tiempo de prolongación añadido que debía dar paso a la prórroga, llega la jugada definitiva. Japón realiza un saque de esquina que el portero belga Courtoisatrapa antes de que ningún jugador nipón alcance a rematar. El guardameta belga envía rápidamente el balón a su compañero De Bruyne, quien organiza un contraataque vertiginoso que acaba con un centro de Meunier que deja pasar Lukaku para que Chadli llegue a rematar a placer en el segundo palo. 3-2, final del partido y Bélgica a cuartos.

¿Qué lecciones nos ofrece el acto final de este gran partido?

Nunca es tarde, aprovecha todo el tiempo de que dispongas

Como explica Kenneth Jones, la jugada decisiva comenzó cuando el portero belga, atrapó el saque de esquina japonés, a falta solo de unos segundos para que concluyera el encuentro.

La teoría dice que en esos momentos lo aconsejable es no arriesgarse a estropear lo conseguido hasta entonces, para poder llegar a la prórroga donde comienza un nuevo y breve encuentro. Para ello a este jugador le hubiera sido fácil retener solo unos pocos segundos más la pelota o lanzarla lejos sin ningún propósito específico (lo que se suele decir, rifarla al azar) para llegar al final del tiempo reglamentario.

Sin embargo Courtois no lo hizo así y eligió pasar el balón a un compañero de equipo para comenzar un último asalto a la meta rival. Al hacerlo, mostró fe en la capacidad de sus compañeros para hacer que algo positivo sucediera en esos pocos segundos restantes.

La lección que podemos extraer de este acto es doble: debemos aprovechar al máximo nuestro tiempo y debemos confiar en nuestro propio equipo.

Siempre se puede hacer algo más para mejorar nuestro rendimiento y el servicio que ofrecemos a nuestros clientes, y todo ello contribuye al éxito final de nuestra organización.

La decisión de Courtois de jugar la pelota incluso en esa situación casi sin esperanza, es un recordatorio de que nunca es demasiado tarde para hacer un esfuerzo extra para mejorar el servicio que ofrecemos a los demás.

El éxito es un trabajo de equipo

Continúa la acción. Tras la decisión de su portero, Bélgica procedió a mover el balón de manera inteligente: De Bruyne mostró el mismo sentido de aprovechamiento del tiempo que su compañero, pasando el balón a Meunier quien a su vez puso un balón perfecto a los pies de su delantero Lukaku.

Sin embargo este, en vez de intentar rematar y con ello obtener la posibilidad de alcanzar la gloria, advirtió que otro de sus compañeros de equipo, Nacer Chadli, estaba en mejor posición para anotar, así que optó por no rematar el perfecto pase que había recibido, dejando pasar la pelota para que fuese Chadli quien lo hiciera y anotase el tanto definitivo.

Y esta acción contiene un gran mensaje: el éxito es un trabajo de equipo.

Esto significa, por un lado, que asumir que se es parte de un equipo y que ello incluye estar dispuesto a dejar que una persona más calificada asuma una tarea, convierte a cada miembro del equipo en un componente más valioso del mismo.

Y para los responsables de los equipos significa tanto que deben tomarse el tiempo necesario para identificar lo que puede aportar cada uno de sus miembros, como tener los oídos bien atentos para escuchar las buenas sugerencias que estos puedan hacer y, por supuesto, agradecer a todos sus esfuerzos al hacerlo

La importancia del esfuerzo personal

Pero entre la acción que origina la jugada final y el remate que la culmina, Jones destaca un tercer aspecto que, en su opinión, podría ser la lección más importante de todas las que nos ofrecen estos diez segundos de juego.

El anotador de gol, Chadli, comenzó la secuencia defendiendo el saque de esquina japonés en su propia área de penalti. Una vez que comenzó el contrataque belga, el jugador se lanzó a una carrera de casi 90 metros, para llegar a rematar el pase de Meunier. Y pese al desesperado esfuerzo de la defensa japonesa por evitarlo, Chadli consiguió llegar a la posición de remate solo un metro por delante de su marcador. Era todo lo que necesitaba para conseguir dirigir balón a la red.

El concepto de esfuerzo luce aquí con toda su intensidad. El talento es algo natural, innato, que rara vez se puede enseñar. Pero el esfuerzo está dentro de nuestra capacidad de decisión individual.

Como profesionales, puede que no todos seamos un sofisticado experto o un actor altamente calificado. Pero todos podemos algo para mejorar nuestro rendimiento. Por ejemplo, verificar cada punto de un proceso, o dedicar un tiempo a aprender algo más sobre las nuevas tecnologías que podamos necesitar en el trabajo o asegurarnos de preparar la documentación necesaria para un caso, son solo algunos ejemplos de cómo realizar un esfuerzo adicional hace que uno sea un miembro mejor y más valioso del equipo.

Chadli es un gran jugador, pero si no hubiera realizado el esfuerzo de correr todo lo largo del campo para rematar de forma precisa ese balón, no habría sido el héroe del partido. El esfuerzo es el factor que nos ayuda a todos, ya seamos atletas o profesionales, a diferenciarnos, aportando un valor diferencia a nuestro trabajo.

Coda

Jones destaca un aspecto final y no menor de este partido.

Pese a la decepción que para el equipo japonés supuso la derrota en el último minuto, sus componentes se mostraron increíblemente amables en la derrota. No solo dejaron su vestuario impecable cuando se fueron, sino que al hacerlo dejaron una nota de agradecimiento para el país anfitrión.

Actuar con tal clase y dignidad, tanto en la victoria como derrota, es la lección final.

Es una de las virtudes del deporte: además de ser un gran espectáculo, mucho de lo que sucede en el terreno de juego se relaciona fácilmente con elementos de nuestras vidas.

 

Carlos B Fernández.

Wolters Kluwer

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